sábado, 6 de noviembre de 2010

Plagio formativo II



La primera vez que vi a José de Saramago fue la última. Mi hermana me llevo a verlo. Aunque mi hermana era ajena a su obra y sí sabía quién era él. Una noche luego de cenar en un restaurante luso me llevo a la Catedral de la ciudad, allí, abarrotada de gente, colas inmensas, apenas y podía distinguir su solemne rostro de arrugas prominentes, pensaba que en algún momento e levantaría a conversar. Se veía inmortal, recostado en su lecho de flores y la gente lusa y silenciosa como es costumbre en ese pueblo no se distinguía a los vivos del no vivo.



FUENTE. INTERNET.
Práctica 7


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