Preludio de una muerte...
La tarde que lo degollaron, Sigisfredo Arata despertó a las cuatro de la mañana para esperar el tren en el que llegaba el alcalde. Había tenido un sueño feliz, se veía atravesando el río con las bastas del pantalón remangadas. “Siempre soñaba con agua”, me dijo Ermelinda Cardoma, su tía, recordando 15 años después del fatídico día domingo.
Viaje a Lima...
Vine a Lima porque me dijeron que en esta ciudad vivía mi abuelo, un se ñor llamado Roberto Mendieta. Me lo dijo mi padre y le prometí que vendría a verlo cuando él falleciera. Cogiendo sus manos fuertes en señal que no faltaría a la promesa, pues él estaba exhalando su último aliento y yo se lo prometí. No dejes de ir me dijo. Se llama así me dijo y a él le agradará conocerte. No pude hacer más que prometerle que así lo haría, y así lo hice hasta que falleció y me costó soltarme de sus manos.
FUENTE.INTERNET.
Práctica 10

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